De acuerdo con estimaciones de la firma IoT Analytics, el número de dispositivos IoT conectados a nivel mundial superó los 21.000 millones en 2025, y podría acercarse a los 39.000 millones hacia 2030, impulsado por aplicaciones en seguridad, transporte, logística, energía y ciudades inteligentes.
Este crecimiento ha aumentado el uso de roaming internacional para conectar dispositivos desplegados en distintos países. Sin embargo, el modelo presenta cada vez más limitaciones. Según especialistas del sector, al menos 14 países ya han comenzado a restringir o limitar el roaming permanente, entre ellos Brasil y Turquía, mediante cambios regulatorios o condiciones impuestas por operadores de red.
Para Carlos Valenciano, director general de Alai Secure, el problema radica en el uso prolongado de una tecnología que fue concebida para movilidad temporal. “El roaming se diseñó para viajeros que necesitan conectividad temporal al cambiar de país. En IoT se está utilizando para dispositivos que pueden permanecer conectados durante seis, siete o incluso diez años en un mismo territorio”, explicó Valenciano.
Según el directivo, esta práctica puede generar riesgos técnicos y regulatorios, especialmente en proyectos que requieren conectividad estable durante largos periodos de tiempo. “Cuando una SIM permanece en roaming permanente el operador depende de acuerdos globales entre operadores que no siempre garantizan niveles de servicio o continuidad a largo plazo. Un cambio regulatorio o comercial puede afectar la conectividad de miles de dispositivos”, señaló el directivo.
El desafío es especialmente relevante en verticales como seguridad electrónica, telemetría industrial o rastreo GPS, donde los dispositivos suelen operar durante años sin cambios en su infraestructura.